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EL HABITAT DEL UNICORNIO"TU HABITAT....."
August 09 POR QUÉ EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA LO ACOMPAÑA SIEMPRE
POR QUÉ EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA LO ACOMPAÑA SIEMPRE
Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los HISTORIA DE LUNA
Cuando la luna quiso descansar un poco, fue un problema encontrar quien tome su lugar, sin ella las noches serian oscuras y tristes, pensó en pedirle al sol, le pidió que tome su turno una vez al mes y ella tomaría el suyo también, pero el sol le dijo que su luz era muy brillante para la noche y la de ella muy débil para el día. La luna le dio la razón y siguió buscando. Pensó en pedírselo al halcón, pero le dijo que ella pasaba muy lento por el cielo y el no podía seguirle el paso, además que el no es blanco. Se lo pidió entonces a la gaviota, ella parece flotar en la brisa marina y es blanca, pero la gaviota le dijo que no era un ave nocturna. Le pregunto a las nubes, pero ellas le dijeron que en la noche no son blancas. Siguió buscando por todos lados pero todos le ponían una excusa. Para no hacerlo La luna estaba muy triste, ¡Ella quería un descanso! Cuando la Luna se iba a pone a llorar, las estrellas se acercaron y hablaron con ella... “Querida Luna, si pusieses atención y escucharas nuestro consejo, tu podrías descansar un día al mes como quieres, y es tan fácil que lo logres. Cada noche desaparece un poquito, pero solo un poquito, hasta que una noche seas solo un rayo de pálida luz y desaparezcas la siguiente noche, así podrás descansar esa noche y nosotras brillaremos mas intensamente para que nadie te extrañe en la tierra. La luna se puso muy contenta y siguió en consejo de las estrellas. Desde entonces, cada noche la luna desaparece un poco y cuando no la vemos las estrellas brillan mas intensamente y no la extrañamos por esa noche LAS HADAS DEL LUCERO DE LA NOCHELas Hadas del Lucero de la Tarde
Las Hadas del Lucero de la Tarde Hace mucho, mucho tiempo, no había invierno con sus fríos y hielos, y los hombre y las bestias vivían en paz y felicidad. Había comida suficiente para todos, porque en los bosques de alrededor del Gran Lago abundaban los venados, en las praderas había grandes manadas de búfalos y en los arroyos que bajan de las montañas hacia el sol naciente sobraban los peces. Las flores brotaban en todas partes y los pájaros, envueltos en plumajes más brillantes que los de ahora, llenaban el aire con sus alegres trinos. En este país tan lejano, había una vez un jefe indio que tenía diez hijas, todas ellas hermosas como la Luna. Cuando crecieron, nueve hijas se casaron con nueve jóvenes y valientes indios. Pero la menor no hacía el más mínimo caso de cualquier valiente indio que se le acercara. Les decía, simplemente: "Soy feliz así como soy." Pero, con el correr del tiempo, se casó con un hombre muy, muy viejo, con el pelo blanco y las piernas endebles. Su padre y sus hermanas se enfadaron por esto, pero ella sonreía y les decía simplemente: "Soy feliz así como soy." Un día, el padre dio una fiesta para sus hijas y sus maridos. En el camino hacia la tienda de su padre se encontraron las hermanas, y todas se burlaban de la menor: -Pobre niña-decían-, que pena que se haya casado con ese viejo feo. Mira, apenas puede caminar; si se cayera seguramente no podría volverse a levantar. Mientras caminaban notaron que el viejo miraba para arriba, donde está el Lucero de la Tarde, y de vez en cuando murmuraba algo entre dientes. -Mírenlo-rió una de las hermanas-, el viejo loco cree que el Lucero de la Tarde es su padre y que lo protegerá. En el camino tenían que pasar por el hueco de un tronco, grande y ancho como el cuerpo de un joven. Todos se sorprendieron al ver que el viejo se ponía en cuatro patas, y lo atravesaba gateando, apoyado en rodillas y manos. Pero cuando apareció al otro lado, y se levantó, ya no era un hombre anciano; era un joven y orgullosos indio, alto, hermoso y valiente. Su mujer, en cambio, ya no era una niña joven. Se había transformado en una viejecita agachada, que se apoyaba en un bastón. Él la ayudaba a caminar gentilmente. Parecía que la quería aun más que antes. Las diez mujeres con sus diez hombres llegaron a la tienda de su padre y empezaron a comer. En la alegre fiesta olvidaron lo que había pasado, hasta que de pronto oyeron una voz que parecía venir del cielo. Le hablaba al joven valiente. Miraron hacia arriba y, por el agujero para el humo, vieron brillar al Lucero de la Tarde. -Hijo mío-dijo el Lucero-, hace muchos años un espíritu maligno te transformó en un viejo. Ahora, gracias al sacrificio de tu mujer, ese espíritu perdió su poder, y tú eres libre. Puedes venir a vivir conmigo y puedes traer a todos tus parientes, si así lo deseas; tu mujer recuperará su juventud, y los dos podrán obtener lo que deseen. De pronto, la tienda comenzó a elevarse por los aires. Mientras subía, la corteza del árbol de la que estaba hecha se transformó en las alas de millones de pequeños insectos. Y cuando el joven jefe miró a su mujer, vio que de nuevo era una joven encantadora. Su vestido de piel era ahora de fina seda, y si bastón de madera se había trasformado en una pluma de plata que adornaba su pelo. Pero las hermanas burlonas, sus maridos, y e padre, se habían transformado en pájaros de brillantes colores. Y todos cantaban divinamente. La tienda navegó hacia arriba, hacia arriba, hasta que llegó al Lucero de la Tarde, donde todo era de color blanco plateado y todo estaba en paz. ¡Qué feliz estaba el Lucero al ver a su hijo! Él se sentó a los pies de su padre con su joven mujer a su lado. Los pájaros revoloteaban felices alrededor del Lucero. El padre les dio la bienvenida y les otorgó todo lo que ellos quisieron. Vivieron juntos y felices muchos años, y también tuvieron un hijo. Cuando el niño creció, comenzó a desear cazar con arcos y flechas. Como el Lucero de la Tarde amaba a su nieto, le enseñó él mismo los ardides de la caza. Pero le hizo una advertencia solemne: -Por ningún motivo debes disparar a un pájaro. Si lo haces, caerán sobre ti grandes desventuras. Durante varios días el niño estuvo disparando sus flechas al aire, a los árboles, a los arbustos y a las briznas de hierba plateada. Pero pronto se cansó y deseó disparar a los pájaros en movimiento. Así es que, cuando nadie lo miraba, apuntaba a los pájaros, aunque era muy difícil acertar a un pájaro volando. Pero un día de ésos, divisó a una oropéndola distraída, disparó una flecha recta, y ésta, muy pronto, se hundió en medio del pecho del pájaro. Se sintió muy orgulloso de su éxito. Pero al poco tiempo su orgullo se transformó en horror, pues, ante sus propios ojos, vio cómo el pájaro se volvía una joven india con una flecha enterrada en medio del pecho. Era una de las hermanas de sus madre que volvía a su forma terrenal. Tan pronto como su roja sangre tocó el puro suelo blanco, el encantamiento se rompió, y todos ellos tuvieron que dejar el paraíso del Lucero de la Tarde. El joven se sintió caer suavemente por el cielo, como si volara sobre grandes alas. Finalmente sus pies tocaron la Tierra, y se encontró en la cima de una montaña, mirando los valles desde lo alto. Miró hacia arriba y vio a sus tíos y tías que flotaban hacia él; muy pronto estaban todos sanos y salvos sobre la montaña rocosa. Después cayó la tienda plateada, con sus paredes pululando de pequeños insectos, y se posó suavemente en la roca. De ella salieron sus padres. Todos tenían ahora formas terrenales, pero no totalmente: porque todos eran de un tamaño no mayor que el de una mariposa. Porque, a causa de los poderes del Lucero de la Tarde, que saca el bien del mal, se habían transformado en las hadas de la montaña. Y en la cumbre de la montaña, donde antes nada crecía, apareció una alfombra de césped, adornada de manchones de flores de colores y de frescas lagunas. Las hadas estaban felices de tener ese lugar tan bello en la Tierra y se lo agradecieron al Lucero de la Tarde. Su mirada bondadosa las envolvió en la luz del atardecer y le escucharon decir suavemente: -Sed felices, hijos míos, que yo os cuidaré desde el cielo. Desde entonces vivieron juntos en paz y alegría. En las tardes tibias de verano se reúnen cerca de la tienda plateada en la cima de la montaña, y también se puede, si uno escucha atentamente, oír el canto de las hadas del Lucero de la Tarde. July 21 LA ULTIMA HADA 2ª PARTEEl hada voló hacia la mano de Don Beto y todos vieron que el botón donde estaba parada había abierto dando una hermosa rosa gracias al polvo de hada que soltó Lucia. Ya en la palma de Don Beto pidio a todos acercarse y les dijo: ---me he quedado sola. Soy la última hada que queda en el mundo, y todo porque ustedes ya no sueñan, ya no creen ó nunca han creído. Beto toda su vida creyó en las hadas y por él estoy viva. Niños, mirenme y digan a sus amigos que nosotras existimos, somos reales, como reales pueden ser los sueños si se sueña con suficiente fervor. Sueñen y hagan soñar para que nazcan mas hadas, por favor. Terminando de decir esto emprendio el vuelo, revoloteo por entre todos los niños parandose en el aire frente a cada uno sonriendo para que la vieran mejor y finalmente se perdió entre las hierbas del jardín. Los niños y sus abuelos se miraron felices y emocionados por aquella hermosa experiencia. ---las hadas existen!!--decian unos ---era muy bonita!"!--decian otros ---donde vivira?--y con esa pregunta empezaban a soñar ó a imaginarse visualizando el posible hogar de la hermosa hada Lucia. El tiempo pasó y llegó la hora de irse y llegó el padre de los nietos de Don Beto, estos al verlo se le abalanzaron felices ---papá!--dijo el niño--vimos un hada! ---si!--secundó la niña--el abuelo tenía razón, las hadas si existen! El padre miro con recelo a Don Beto y dijo a los niños: ---que les he dicho! ---pero, estabas equivocado--dijo el varón--nossotros vimos a una, se llama Lucia ---vayan al auto, ya hablaremos de eso mas tarde ---pero... ---al auto!--finalizó y caminó hacia Don Beto ---que has hecho papá!--dijo molesto--te dije que no les contaras tus anecdotas ---y no lo hice hijo ---entonces!? ---no vieron ni escucharon nada irreal Su hijo lo miro con decepcion, giro sobre sus talones y sin despedirse subió al carro y se fue. Don Beto se entristeció por lo duro que tenía su hijo el corazón, y se fue a su recámara. *** *** *** *** *** *** **** *** *** ** Cuando Lucia llegó a su bosque; ese, el que está´por tu casa, se dio cuenta que empezaban a nacer sus hermanas hadas; unas salian de entre el musgo, otras al reventar nueces, del rio, de las flores, de los rayos del sol. De todos lados salian hadas volando y jugueteando y todo gracias a que los niños como tú, soñaban e imaginaban tantas cosas fantasticas. *** *** *** *** **** *** *** *** ** *** Lucia volvió al asilo con Don Beto a darle las gracias y lo encontró triste, pero ella sabía porque; por su hijo y dijo a Don Beto: ---Beto, hablale a tu hijo y dile que venga, que es urgente Don Beto asi lo hizo y en menos de una hora su hijo estaba estacionando el coche. Bajó y fue con su papá un poco molesto por haberlo hecho ir otra vez. ---que pasa papá ---nada hijo, quería pedirte perdón por lo de la mañana, es que, tus hijos necesitan fantasía, tu nunca soñaste de pequeño ---en este mundo papá, los sueños no sirven de nada ---al contrario!, los sueños son todo lo que hace falta ---papá, no vine a discutir... ---ni yo estoy aqui para discutir si no para que veas la verdad-- interrumpió--Lucia?--dijo mirando el bolso de su camisa En ese momento se asomó el hada y el hijo abrió los ojos desmesuradamente, Lucia salio y voló frente a él, se acercó y le tocó la nariz, luego retrocedió para pararse en el hombro de Don Beto. Su hijo lo miró, luego al hada que le sonreía ---es real hijo, siempre han sido reales, pero hasta hoy te lo pude comprobar Su hijo seguía pasando la mirada del hada hacia su padre y viceversa hasta que Lucia dio un beso a Don Beto en el lóbulo de su oreja y dijo: ---adios Beto, muchas gracias por conseguirme soñadores--luego volteo con el hijo--adios; tu padre es toda bondad y tus hijos, una bendición Dicho esto salió volando por la ventana, sabía que padre e hijo se reconciliarían. El hijo de golpe comenzó a creer, y alla en el bosque; un hada nació. *** *** *** *** *** *** *** ** Y desde ese dia Lucía jamás estuvo sola porque las hadas seguian apareciendo lo cual significaba que había un niño mas que soñaba, es mas; tu vecinito también soñó y gracias a él tambien nació un hada...porque no sueñas tambien tu? Esto sucedió en el bosque que está por tu casa, si no me crees, cuando vayas a ese bosque mira bien las hojas que esten en el suelo ó los petalos caídos, quizas encuentres pequeñas huellas, ó mira el polvo que se ve a traves de los rayos del sol, es polvo de hada y si ves pequeños destellos entre el povo...que crees que son? "...tambien dice el mito; cuando un niño sueña, en algún bosque del mundo, nace un hada..." FIN la ultima hada 1ªLA ULTIMA HADA (1ª PARTE)
"...Dice el mito; cuando un niño deja de ser niño, en algún bosque del mundo, muere un hada..." Esto sucedió en el bosque mas cercano a tu casa, si! tú, niño ó niña que estas a punto de leer esta historia, asi es, todo realmente pasó en ese bosque que está muy cerca de ti, solo que no pones atención; porque ese bosque que tu conoces, está lleno de hadas, bueno, lo estuvo, pero con tu ayuda las hadas podrian volver; quieres saber como?; solo lee y pon atención:... En ese bosque que te digo, no hace mucho había allí muchas hadas que vivian muy felices gracias a todos los niños. Tenian una gran comunidad y todo marchaba excelente. La reina, el hada Lucia era la mas vieja de todas, pero no por vieja era menos bonita, porque las hadas no pierden nunca su juventud, ella seguía siendo tan joven en apariencia, pero ya tenía setenta años de edad, lo cual era algo increíble, pórque las hadas solo viven hasta los quince años la que más. Pero últimamente las hadas vivian menos porque los niños dejaban de soñar e imaginar a mas temprana edad, Había hadas que vivian solamente hasta los nueve años, luego morian porque algún niño dejaba de soñar, y eso preocupaba mucho al hada Lucia, que veía con tristeza como morian sus hermanas que pasaban a ser gota de rocío, luego se convertian en arcoiris y eran evaporadas por el sol. Y asi pasaba el tiempo y cada vez Lucia se iba quedando sola porque aparte que morian sus hermanas, ya había pasado un buen tiempo sin que naciera ningun hada, y esto era porque los niños preferian los sueños ya fabricados; como jugar juegos electronicos ó mirar el televisor durante mucho tiempo. Y llego el día en que Lucia se quedo completamente sola en ese bosque. Esperó y esperó para ver nacer a un hada, pero nada, los niños estaban ahora llenos de informacion, pero no de sueños y Lucia se entristeció y voló a otros bosques a buscar hadas pero no encontró a ni una sola, hasta que desistió y volvió a su bosque, se sentó sobre una cáscara de nuez y se puso a llorar. Lloró y lloró hasta que la noche llegó, y junto con la noche llegó el señor buho y se paró en el nogal cercano a donde estaba Lucia. ---porque lloras hadita?--dijo mirandola con sus ojotes Lucia miro hacia arriba y se encontro con el buho examinándola ---porque me he quedado sola!--contestó sin dejar de llorar--todas mis hermanas han muerto! ---vaya cosa rara!--dijo el buho poniendo cara de detective tratando de resolver un misterio--y tu sabes porque murieron? ---lo único que puede matar a un hada, es que un niño deje de ser niño ---y tu estas viva!, eso significa que un niño sigue siendo niño ---el niño al que te refieres es ahora un anciano ---porque un anciano? ---físicamente es un anciano, pero él nunca perdio sus sueños ni su corazón de niño, por eso sigo viva ---y porque no acudes a él y le pides ayuda ---lo tienen encerrado en un asilo para gente grande porque su hijo pensó que era una mala influencia para sus nietos, pero él no ha dejado de creer ni un momento en nosotras. Luego Lucia pusó cara de resolución y agrego ---si!, voy a ir con él, es hora de que sepa que todo lo que ha creido en su vida si existe, dejaré que me vea, será su regalo por creer en las hadas. *** *** *** *** ******* ** * * * * * Don Beto se levantó muy temprano, a las cinco de la mañana y fue a la cocina a prepararse un café. Estaba infringiendo las reglas de asilo pero él no soportaba dormir tanto. El café se servía todos los dias a las siete de la mañana y nunca estaba dispuesto a esperar tanto, a la hora que despertaba, iba y se preparaba su café. El era un hombre de caminar alegre aunque pausado, todo su cabello era blanco, no del plateado que dan las canas, si no blanco opaco, su bigote era blanco también y abundante y no usaba lentes, nunca los necesito, le daba un cierto aire al físico Albert Einstein. Todos los ancianos lo apreciaban mucho,pero los enfermeros lo consideraban loco, porque el estereotipo que tenian de un anciano; cansado, callado y terco no ajustaban con Don Beto, para él, infringir las reglas no era terquedad, era una travesura divertida, y aunque hacía rabiar a los cuidadores, siempre tenía mañas para salirse con la suya. Se preparó su café y salió al pórtico con la taza humeante y se sentó trabajosamente péro decididamente en las escaleras que daban a un jardín, eran solo cinco escalones y allí dio un sorbo a su café para despues depositarlo a su lado mientras admiraba los rosales recién abiertos. En el horizonte se veía la línea roja que anunciaba la mañana. Don Beto dio otro sorbo a su café sin dejar de mirar los rosales y ante sus ojos pasó volando una mariposa muy veloz que fue a colocarse en una rosa abriendo y cerrando sus alas transparentes, Don Beto forzo la vista entrecerrando sus ojos, desde donde estaba, eso no parecía una mariposa del todo, Luego volvió a levantar el vuelo y dio una vuelta por todo el jardín, pasó por todas las ventanas del asilo deteniendose en cada una como asegurandose que todos sieguieran dormidos, volvio con Don Beto y se posó en su rodilla derecha; era Lucia. El anciano al verla sonreirle abrio los ojos sorprendido y la examinó. ---un.....hada? Lucia asintió sonriendo y haciéndole una reverencia a manera de saludo. ---Dios mío!!--dijo Don Beto preocupado--ya estoy empezando a tener alucinaciones!, mi hijo tenía razón, estoy senil!! ---no Beto--.dijo Lucia--no soy una alucinacion, soy un hada, me llamo Lucia y necesito tu ayuda. ---las hadas no existen!--dijo tratando de convencerse a si mismo ó recordando algún comentario de su hijo. ---tu no crees eso!, de otra forma yo estuviera muerta, tu crees en las hadas y te repito que necesito tu ayuda; soy la última hada y no he muerto porque tu sigues creyendo. Don Beto la miró, Lucia se sentó sobre su rodilla, él se talló los ojos, la volvio a mirar, miro al cielo, las rosas, volteó a un lado, al otro, luego su rodilla, allí seguía el hada con cara de aburrimiento; Don Beto sonrio. ---lo sabía!!!siempre lo supe!!--dijo liberandose de todas las reprimendas y burlas que seguramente había recibido durante toda su vida--las hadas existen!!! ---ya no--dijo Lucia--yo soy la última Don Beto la miró ---la última? ---asi es, y si no fuera porque nunca dejaste de creer, hace mucho que habría muerto ---y las demas hadas? en verdad todas murieron? ---si, y no se que hacer para hacer que vuelvan a nacer ---pues, con solo que los niños sueñen ---y como hacer eso?, si los niños de hoy perdieron la capacidad de soñar a causa de los adelantos en juegos y programas televisivos, Ya no juegan rondas infantiles; prefieren el nintendo, Ya no salen al campo a conocer la vegetación, todo lo sacan del internet, ya no crean mundos en sus sueños, ya no se imaginan nada. Don Beto estuvo pensando unos momentos, luego propusó: ---y porque no te dejas ver por algunos niños, asi ellos contaran a los demás sobre ti, y quizas empiezen a soñar. Lucia dudó y después miró a Don Beto y asintió sonriendo ---esta bien, pero que sean tus nietos y los nietos de todos los que estan aqui ---de acuerdo, precisamente mañana es dia de visita y los traere aqui ---bien, mañana aqui estaré Y se despidió perdiendose en la espesura de los rosales. Don Beto terminó su café con un semblante m,as feliz, las hadas existian, y aunque jamás lo pusó en duda, tenía que negarlo abiertamente por temor al manicomio, pero ahora era diferente, entró a la edificacion y contó todo lo sucedido a todos los demás ancianos que no le creyeron, pero lo querian mucho y aceptaron que sus respectivos nietos fueran con él un momento al dia siguiente. Toda la noche no pudo conciliar el sueño de tanta expectación y solo pensaba en el hada...hasta que el dia llegó. Se levantó a esperar la llegada de sus nietos con mucha impaciencia. Eran ya las nueve de la mañana y a lo lejos divisó el auto de su hijo, como siempre muy puntual. Cuando sus nietos bajaron del auto se le abalanzaron felices como todas las semanas porque lo querian mucho. ---abuelo!, abuelo!--gritaron al unísono y se le abrazaron de las piernas ---niños!!--dijo el padre--denle espacio a su abuelo Los niños inmediatamente soltaron a su abuelo y vieron a su papá avergonzados mientras éste extendía la mano´para saludar ---como estas papá--dijo mecánicamente com si saludara a un vecino ---bien hijo--dijo Don Beto feliz--pasen ---eh--dijo su hijo--me temo que tengo que trabajar ---hoy!? ---asi es, y si no te molesta dejaré a los niños y pasaré mas tarde por ellos ---esta perfecto--dijo sonriente Su hijo dio media vuelta y avanzó unos cuantos pasos y de pronto se detuvo como recordando algo ---ah!, y papá...por favor, no les cuentes cosas que no son, es malo para su formación. A Don Beto le dolió el comentario, pues esa era la razón por la cual vivía en ese asilo; por querer llenar de fantasía la niñez de sus nietos. El pensaba que los niños, niños son y merecen soñar y permanecer lo mas que se pueda inocentes, aun asi contesto a su hijo enigmaticamente: ---no te procupes, no les contaré ni les mostraré nada que no sea real ---bien--y se despidió Los niños lo tomaron de la mano y se disponian a entrar pero el June 10 CUERPO NOCTURNOCUERPO NOCTURNO Cuando de noche, a solas, en tinieblas, fatigado de no sé qué fatiga se derrumba mi cuerpo y se acomoda en la impasible superficie oscura que le sirve de apoyo y de mortaja, yo me tiendo también y me limito al inerme contorno que me entrega, a la isla de olvido en que se olvida. Separado de él y en él hundido recuerdo que lo llevo todo el día como cárcel de fiebre que me oprime, como labios que dicen otras frases, como instinto que burla mis deseos o acciones desligadas de mi fuerza; pero al mirarlo así, rendido fardo indiferente en su actitud de piedra, tigre de bronce, charco de silencio, columna de cinismo derribada, ciega figura en su lección de muerte: yo lo percibo como carne intrusa como dolencia de una llaga ajena, cómplice de un destino que no entiendo, mudez que no lesiona mi palabra, verdugo en anestesia secuestrado. Y por eso al sentirme dividido y a la vez por su molde aprisionado, analizo, sospecho, reflexiono que sus muros endebles que me cercan son fuego en orfandad, tierra robada, agua sujeta en venas sumergidas y aire sin aire arrebatado al aire; que soy un prisionero de elementos en honda combustión, que están buscando fundir los eslabones que los unen para volver a la pureza intacta del sitio universal donde eran libres: la tierra pide su reposo en tierra, el aire, su acrobacia transparente; el fuego, la delicia de su llama; y el agua: la blancura de su hielo, su cauce, o el prodigio de ser nube. Al lado de él, alado y enraizado, lo toco, lo examino desde adentro: interior de una iglesia ensangrentada, góticos arcos, junglas musculares, entretejida pulsación de yedras, laberinto de lumbre de amapolas y entraña de una cripta en que se esconde el numérico albor del esqueleto. Y yo en medio de juez y de culpable, de rebelde invasor y de invadido, de mirar que descubre y se descubre, de unidad que contempla sus facciones, de pregunta privada de respuesta, de espectador que sufre en propia carne el corporal desgaste de que brotan sus crecientes acopios de agonía. Si soy su dueño ¿por qué lo palpo extraño, despegado de mí -sombra de un árbol-, corteza sofocante de mi angustia, vendaje que me oculta, ademe frágil, imán que me atesora y me difunde, materia que yo arrastro y que me arrastra? Y estoy en él, presente, inevitable, unido en el monólogo y la espera, crecido en su reverso, y denunciado por sus manos, sus ojos, sus pasiones, la quemante ansiedad de sus delirios, las brumas de sus tiempos de zozobra y los relámpagos de su alegría. De dentro a afuera, de raíz a ramas, presiono, me sublevo, abro mis fuerzas para cavar, para acabar los muros que viven de tenerme prisionero; pero un amor me nace y me detiene, un fanatismo de vital amparo, el apego del ánima y las células, la intimidad de forma y contenido acoplando sus ciegas superficies; y me quedo conforme, sosegado a la ajustada cárcel que me cubre para seguir formando el mundo en fiebre por el que siento que en verdad existo. Agua, tierra, fuego y aire, en continua aspersión de sus químicos halagos, inmersos en la furia de sus hambres, en escondida trabazón de empujes, mandando y succionado sus mareas, haciendo y deshaciendo lo que se inician, comiéndose a sí mismos, recreando el desnudo valor de su estructura en pugnas, atracciones y repechos, porque quieren, anhelan, buscan, labran la persistente acción que les devuelva el vuelo original que poseían. Esta unión de elementos, este nido de físicas batallas, de incesantes reacciones, es mi solo respaldo, el trágico venero de la fuerza que me sostiene aún hablando a solas. May 31 SOLEDAD INTERMINABLE
Toco en la oscuridad las cerraduras. ¿Cómo llegué hasta aquí? Es una extraña casa que rodean tinieblas, y me llaman. ¿Quién eres tú, la que me canta? Recuerdo ahora el mar. ¡El mar! Si yo pudiera volver al mar a aquella playa donde llovía siempre. Allá arriba las verdes colinas y más allá la tierra escarlata, y la Gran Cordillera que vigila volcanes, el viento que sopla desde allí, y el cielo de cristal. Nadie en las dunas. La lluvia ahuyenta y me deja solo en esta playa de pronto interminable. Como el mar es la casa, como la lluvia sus muros. Siento mis pasos: ya están aquí, y abro la puerta. ¿Cómo cruzar el fuego que arde entre tus pasos y los míos? ¿Quién me trajo a estos muros que se encienden y se apagan? Y entro en otros cuartos que se abren a otros cuartos, y el silencio es un cíngulo dormido en los dinteles. La imperceptible niebla empapa las recámaras, pisa los zócalos, roza ventanas, hunde los lechos. Mis pasos se adelantan al llegar a la sala, al llegar a la mesa, al llegar al libro abierto de polvo, al libro y a la mesa que nadie ha tocado en mil años, y nadie vendrá. Pero ahora la niebla toca con su frente los umbrales. Ya no hay nadie en la casa. (Si hubiera alguien, ¿a quién amar ahora?). Toco la mesa y la mesa se ilumina. Toco las cerraduras y las cerraduras se abren. Toco en la oscuridad los muros, y los muros se apartan, y escucho en el silencio de la sangre el río que me habla sobre esta oscuridad. May 15 VIRGINAL VIRGINAL
Te vi en el vórtice del remolino de luz, ceñido en torno a tus caderas, la túnica arrancada por el viento, sobre fondo de estrellas, rebaños de centauros chapoteando en juego en la ribera. Protegías los senos descubiertos con ambas manos, y la cabellera larga, sedosa, flotaba al aire suelta. Qué contraste de labios y mirada, sedientos y sensuales, con la entera actitud de tu cuerpo, de virgen indefensa. Te vi como surgiendo de las olas, aunque los pies se anclaban en la tierra, y desaté el deseo en mis entrañas, y le envié a enroscarse entre tus piernas, sin advertir que en torno a los tobillos arqueaba su lomo la pantera. Y me quedé perdido en mi distancia, y tú quedaste en permanente ofrenda. May 14 libreLa torcaza volaba y tú la contemplabas. Era luz en la luz del mediodía, calor en el calor de la mañana, aire en el aire y tú la contemplabas. Tú la veías y eras libre, porque la libertad de ver se aprende, porque ser libre de mirar se aprehende como el río a cantar aprende de los pájaros. No le importaba a la torcaza su belleza, pues vanidad no abriga; volaba y nada más y el mar y el mundo razón de ser tenían y existían. Tus ojos eran sus ojos y eran sus alas tus alas.
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